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lunes, 2 de febrero de 2009

España es el problema

Tras leer el artículo del Sr. Honrubia: “independentismo y lucha armada”, me encontré sumido en una mezcla de incredulidad y asombro. De entrada, es obvio que, como dirían en el “Cine del Oeste”, actúa como un “jugador de ventaja”. Pretende hacernos participes de un “juego” en el que interviene con “cartas marcadas”. En un partido ganado de antemano por incomparecencia obligada del contrario. Nos incita a un debate imposible desarrollar, puesto que el Régimen solo permite opinar en tanto y en cuanto sea para reforzar sus postulados. El es completamente libre de decir lo que dice. Muchos, por el contrario, estamos condenados a callarnos. Cualquier manifestación, que pudiese ser considerada, no ya de apoyatura, sino tan siquiera “comprensiva”, aún parcialmente, no con ETA, sino tan siquiera con su estrategia, planteamientos o bases ideológicas, podría ser constitutivo de un “delito de apología del terrorismo”. Se ha llegado al extremo macartista de perseguir no solo la libre manifestación de opiniones, sino incluso los silencios. En estas condiciones, la problemática trasciende a la inviabilidad del intercambio de pareceres, no se limita a un no poder hablar, se amplia al deber moral de no hacerlo. Con independencia de las convicciones que se posean, ninguna manifestación debe ser instrumento ciego de la coerción institucional. Arropadora intelectual de la “caza de brujas”. Mientras no se “tolere” un completo e incondicional ejercicio de la libertad de expresión, que la palabra y la escritura sean altavoces de denuncia de la represión. Lo contrario es ser un oportunista o un inconsciente “tonto útil” del Sistema.

Fuera aparte lo expuesto, el contenido del texto desgrana tal acumulo de aseveraciones kafkianas que, desde una óptica independentista y socialista andaluza, en el más favorable e los casos, solo serían merecedoras de una sonrisa condescendiente o un caritativo silencio. Acertando al decir que ETA es: “el argumento principal que desde el estado español y sus gobiernos (sean del signo que sean) se da para impedir el verdadero debate nacionalista antes de que empiece si quiera a desarrollarse”, se precipita en el mundo del absurdo al afirmar que: “mientras exista ETA, en este Estado jamás se podrá hablar de procesos nacionalistas” y que, en cambio, “en un escenario de paz”, “sin presión armada”, el Estado se vería imposibilitado de justificar su negativa a reconocer a los pueblos sus derechos nacionales, porque sería “tachado abiertamente de autoritario y antidemocrático”. Y llega a alcanzar las mas altas cotas de la irracionalidad concluyendo que: “ETA es el principal muro que paraliza el progreso del nacionalismo independentista en el Estado español”. Todo el artículo, no es más que un catálogo de despropósitos semejantes. No obstante, obviando lo planteado y aún no siendo la pretensión del autor, si trasluce un debate de fondo en el que si merece la pena detenerse: ¿Es posible alcanzar la libertad nacional y social de los pueblos en España, a través o a partir de un Estado Español?

La España actual es un invento reciente. Es el fruto del acuerdo alcanzado entre el sector isabelino de la aristocracia latifundista castellana y la burguesía comercial e industrial de mediados del XIX. Mediante dicho pacto, ambos estamentos se aseguraban y apoyaban mutuamente en sus respectivos intereses socio-económicos. En lugar de competir por el Poder lo compartirían. La consecuencia fue la reconversión del propio concepto de España. La influencia burguesa, acelerado por la pérdida de las “posesiones ultramarinas”, conllevo la transformación de los restos peninsulares e insulares del naufragio, el reagrupamiento de las posesiones aún bajo control, en un artificioso Estado-Nación. Hasta entonces, España había sido un mero adjetivo geográfico y, políticamente, la nomenclatura englobadora de las posesiones imperiales. Hablar de España suponía lo mismo que en Inglaterra lo era hacerlo de Britania. “Español” era el nombre para designar al Imperio creado por la monarquía castellana, igual que “Británico” era el del Imperio gestado por la inglesa. Pero a partir del acuerdo que dio el Trono a Isabel II, España pasó a poseer un significado “nacional”. El Estado Español es por tanto, ya en su gestación, un proyecto opresor y capitalista. Nace para consolidar y perpetuar los intereses explotadores aristocrático-burgueses sobre los pueblos aún bajo su yugo. En España no hay negación y opresión nacional o explotación social y de clase, como consecuencia de “formas de Estado”, leyes, gobernantes u otras cuestiones circunstanciales, incluida ETA. España no es una Nación sometida a un Régimen opresor y explotador a derrocar. España niega, oprime y explota en conformidad con su propia esencia. Es un Estado creado y mantenido para facilitar dichos objetivos. Es la propia España el concepto y el “Régimen” a derrocar.

Desde esta perspectiva, cabe concluir, por un lado, que cualquier estrategia política subordinada a otras de carácter “estatal”, está condenada al fracaso y, por otro, que el enemigo de todo proyecto de liberación nacional y social es el propio marco estatal, su existencia, defensa o utilización. La propia España es el problema. Claro que el españolismo, el imperialismo burgués peninsular, utiliza y utilizará cualquier pretexto para justificar el encadenamiento de pueblos, la usurpación de su soberanía y la apropiación de sus riquezas, al igual que el imperialismo sionista los usa y usara para justificarlo con respecto al palestino; pero solo son y serán eso, pretextos. Si uno desapareciese, se limitarían a echar mano de otro y, si no los encontrasen, los inventarían. Creer que el problema es ETA, es tan ingenuo como señalar a los cohetes Kazan como causa de la última matanza israelí en Gaza. En España no se reconocen los derechos nacionales de los pueblos, no por tal o cual razón ocasional o puntual, sino porque España nace en su negación y para su negación. Es una empresa que solo puede sustentarse y ampararse en dicha negación. Si los reconociese estaría firmando su sentencia de muerte. Toda estructura opresora desaparece con la abolición de la opresión. La opresión no es para España una opción, es su razón de ser. Resulta ridículo plantear transformaciones de o a partir del Estado Español. Un independentista, un luchador por la liberación de su pueblo, no puede ni debe esperar nada de la estructura opresora del mismo. No hay más circunstancia favorable que su propia desaparición.

Por otro lado, es igualmente obvio, desde una perspectiva socialista, que los fundamentos de todo proceso de conquista y ocupación, de opresión y colonización, poseen unos porqués económicos. Forman parte de esa “fase superior del capitalismo” que es el imperialismo. En dichas circunstancias, los procesos revolucionarios y de clase se interrelacionan e interdeterminan con los de liberación nacional. En el Estado Español no hay una explotación de las clases populares en general y de la clase obrera en particular, tampoco como consecuencia de gobiernos, leyes o tipologías estructurales político-administrativas. España es, ella misma, una estructura político-administrativa conformada y destina a facilitar dicha explotación. Y, al igual que, de forma genérica, la diferencia fundamental entre un reformista y un revolucionario es su actitud con respecto al Estado Burgués (mientras que el primero aspira a “mejorarlo”, el segundo lucha por su erradicación), en el Estado Español lo será, igual y consecuentemente, en consonancia con la propia conceptuación y estrategia que se mantenga con respecto a él. Dado que no es que ésta España sea capitalista, es que la misma España es capitalismo, pretender “cambiarla”, “mejorarla”, no es más que reformismo. Una estrategia revolucionaria pasa, indefectiblemente, por su desaparición. No se trata de sustituir esta España por otra y, por tanto, esta forma de explotación por otra, sino de acabar con esta o cualquier otra. Imposibilitar la explotación destruyendo el instrumento mediante el que se ejerce.

A todo lo expuesto es necesario agregar otro ingrediente. Las Actuales estructuras, el “régimen democrático” que padecemos, no constituyen más que un continuismo neo-franquista encubierto. La “transición” no supuso ni conllevó otra cosa que la “adecuación” de las instituciones de la Dictadura a formalismos democrático-burgueses. A cambio de “un lugar bajo el Sol”, la “oposición democrática” renunció a la ruptura con respecto a él, aceptándolas, remozándolas e integrándose en ellas. Fue, como la propia terminología acuñada reconoce, una mera “reforma”. La “reconciliación nacional” es una frase que esconde la denominación de una traición a las clases populares. Del pacto espurio de intercambio de legalidades y legitimaciones entre socialdemócratas y franquistas. La lucha antifascista posee hoy tanta vigencia como antes de 1975. La persecución de delitos de opinión, la existencia de tribunales de excepción, de leyes como la de partidos, de censura de prensa encubierta (caso “El Jueves”), o incluso cotidianidades como la necesidad de “autorización” para ejercer derechos, son muestras suficientes del trasfondo autoritario del Estado. No es una democracia burguesa, es una actualizada y ampliada democracia orgánica.

Pero aún hay otro aspecto a considerar. Dado que no hay una Nación llamada España, que solo hay un Estado, España no es más que el conjunto de sus estructuras administrativas. Y dicho Estado dice basamentarse y justificarse en la “soberanía nacional” que ostenta un “pueblo español” igualmente inexistente. Si no hay España, tampoco puede haber “españoles”. Y un pueblo ficticio no puede ser sujeto de soberanía. Darles soberanía a los “españoles” es un subterfugio para quitárselas a los pueblos. El Estado Español no se sustenta sobre ninguna soberanía popular, sino sobre el secuestro y la negación de la soberanía popular. Y es la élite económica constitutiva de dicho Estado quien la retiene. España es no solo una Nación inventada sino un Estado ilegítimo, según los propios principios democrático-burgueses. Un Estado impuesto. No surge de la voluntad de los pueblos sino de la imposición sobre los mismos. De ello se deducen varias conclusiones, Por un lado la imposibilidad de alcanzar una administración “democrática”, tan siquiera en su sentido más formalista. Por otro, que dado que el Estado no es más que el conjunto de sus estructuras administrativas, sus propias instituciones son ilegítimas e instrumento de opresión. Ni gobiernos “centrales” o “autonómicos”, ni parlamentos o ayuntamientos, son o pueden ser elementos de “liberación”. Más aún, toda política institucionalista, toda acción política encauzada o focalizada en y a través de dichas estructuras, conllevan mantener la opresión y legitimarla.

Andalucía no tropieza con otro “obstáculo” o “muro”, otra causa mayor y más determinante que imposibilite el avance hacia su libertad, que el propio Estado Español. La lucha contra España es frente común y combate prioritario para nacionalistas, anticapitalistas y antifascistas andaluces. Es España quien ha secuestrado nuestra soberanía. Quien nos niega como Nación. Y lo hace para facilitar la extracción de la plusvalía de nuestra fuerza de trabajo y los beneficios del robo de nuestras riquezas. España es nuestro colonizador y el explotador de nuestra clase trabajadora. Es, igualmente, el nombre de la trinchera donde se parapeta el franquismo. Ser patriota, socialista, antisistema o demócrata, en nuestro País, es ser antiespañol. España es el enemigo común a derrotar. Y, por el contrario, cualquier estrategia soberanista, revolucionaria o antifascista, que no se enmarque dentro de parámetros antiespañolistas, por tanto antiestatalistas, o que tan siquiera no los priorice, no solo es errónea, sino que obtendrá resultados contrapuestos a los pretendidos. Más Estado Español, sea cual sea su “forma de Estado”, su Constitución, su gobierno o sus “mayorías”, es perpetuar la opresión nacional, la explotación social y el totalitarismo. Los andaluces nunca seremos libres en España, gracias a ella o a través de ella, sino contra España, a pesar de ella y acabando con ella. Coherentemente, nuestra estrategia no puede ser institucionalista: electoralista, municipalista y parlamentarista. Tiene que asentarse y desarrollarse sobre bases rupturistas con respecto tanto al Estado como a su administración neocolonial en nuestra tierra: Junta, Parlamento y ayuntamientos. Nuestra liberación no la traerán votos o legislaciones, sino la concienciación del Pueblo Andaluz y la consiguiente determinación colectiva de lucha por la recuperación de nuestra Soberanía. Y el principio para lograrlo es el desenmascaramiento y la deslegitimación de la farsa democrática y autonómica. La oposición radical y la confrontación, no la “participación”.

Francisco Campos López

¿Cuál es la responsabilidad del gobierno español y de la UE en el genocidio de Gaza?

Es muy frecuente que el ciudadano de la calle se considere impotente ante acontecimientos internacionales por indignantes que le parezcan; esa impotencia se acompaña igualmente de un sentimiento de irresponsabilidad ante lo sucedido: al fin y al cabo no es su gobierno ni su ejército el que está tirando bombas contra inocentes. Si no tiene culpa y no puede hacer nada, su única opción es la resignación o, a lo más, acercarse a alguna de las manifestaciones convocadas. Pero estará equivocado, en este mundo globalizado pocas crisis se escapan a la corresponsabilidad de la comunidad internacional; el papel de los gobiernos europeos es importante y el sistema comercial y financiero del que formamos parte no es ajeno a nada de lo que sucede. Además, en democracia, los ciudadanos son responsables de las decisiones de sus gobiernos.

Una vez entendido esto, es el momento de analizar cuál ha sido el comportamiento del gobierno Zapatero y de la Unión Europea con respecto a las partes en conflicto. En primer lugar, podemos observar en el Informe Estadístico del Ministerio de Industria y Comercio (página 57), que España vendió a Israel armamento de Defensa por valor de 4.353.309 euros en el año 2007. De esa partida, 4.224.029 euros fueron para equipos de registro y proceso de imagen, formación de imágenes de infrarrojos o térmicos y sensores de imagen por radar. Por lo tanto, podemos deducir que los equipos militares de localización mediante infrarrojos, sistemas térmicos y los sensores utilizados para alcanzar los mil muertos que hay en Gaza, 42% de ellos mujeres y niños según las autoridades sanitarias palestinas apoyadas por el coordinador de la ayuda humanitaria de las Naciones Unidas, se los ha proporcionado el gobierno español. Otra de las partidas vendidas, por 104.880 euros, es la destinada a “fusiles, carabinas, revólveres, pistolas, ametralladoras, silenciadores, cargadores y visores”, más otros 36.400 euros para municiones.

Por lo que algunos de esos mil muertos probablemente han sido abatidos con armas y municiones enviadas por España. A todas estas exportaciones hay que añadirles otros casi seiscientos mil euros en material calificado de doble uso, civil o militar.

En cuanto a 2008, el último informe remitido por el gobierno al Congreso revela que en el primer trimestre del año se vendió a Israel material bélico por valor de 1.551.833 euros, prácticamente en su totalidad destinado a las Fuerzas Armadas. En esta ocasión, según fuentes militares, también era para “equipos de formación de imágenes de infrarrojos y térmicas, y equipo sensoriales de imagen por radar utilizados para la localización nocturna de objetivos” [1], además de armas de cañón del tipo de fusiles, pistolas y ametralladoras.

A todo ello hay que añadir el papel de la Unión Europea, de la que España forma parte. Según las últimas estadísticas de Bruselas, en 2007 los Estados miembro autorizaron la exportación de armas a Israel por valor de 200 millones de euros [2]. Francia es, con mucho, el principal proveedor al Estado judío de armas europeas. Aunque existe un código de conducta de la UE sobre exportación de armas desde 1998, lo supervisan los Estados miembros, no Bruselas, de modo que cada país hace lo que quiere. Así, Bulgaria, Alemania, Polonia, Rumania y Reino Unido exportaron a Israel armas pequeñas y munición. La República Checa, Alemania, Rumania y Eslovenia suministraron a Israel "armas ligeras", esto es, aquellas que requieren de dos a tres personas para manejarlas, como bombas, torpedos o accesorios explosivos; y Bélgica, Francia y Rumania enviaron aviones y material relacionado con ellos.

El portavoz de la Campaña contra el Comercio de Armas con sede en Reino Unido, Kaye Stearman, señaló desde su página Web que “Naciones Unidas y observadores imparciales han documentado regularmente cómo las acciones militares de Israel han violado el derecho humanitario internacional. A pesar de que el propio Criterio Consolidado de Licencias de Exportación de Armas de la UE y Nacional de Reino Unido se supone que evalúa tanto el impacto que tienen las ventas de armas en la paz, la seguridad y la estabilidad regionales, como los antecedentes de respeto de los derechos humanos del país, parece que todo esto se ignora en el caso de Israel” [3].

Lógicamente para que Israel pueda pagar todas esas armas necesita fondos. La UE es hoy el primer socio comercial de Israel, después de firmar en 1995 un Acuerdo de Asociación Económica Preferencial que entró en vigor en el año 2000. Dicho acuerdo, aplicado en el marco de la Política de Vecindad Euro-Mediterránea, se desarrolla a través de un Plan de Acción Común aprobado por ambas partes (Israel y la Unión Europea) y renovable cada tres años. Lo curioso es que ese tratado, en su artículo 2, establece la suspensión en el caso de que una de las partes vulnere los derechos humanos y el derecho internacional. A pesar de ello, ni el gobierno español ni autoridad ejecutiva alguna europea ha puesto en marcha dicha medida. Es más, en octubre de 2006 se firmó un acuerdo de cooperación militar entre la OTAN e Israel [4], gracias al cual militares españoles viajaron en verano de 2007 a entrenarse a Israel [5].

Ahora veamos el papel de la diplomacia española y europea. El 12 de enero, con 917 palestinos muertos, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, denunciaba las “graves violaciones” de Israel en Gaza, pero lo hizo con la abstención de los representantes de la UE, esos mismos que, en cambio, sí votaban las condenas a Cuba cuando las proponía Estados Unidos en la anterior Comisión de Derechos Humanos. La resolución fue propuesta por los países árabes, africanos y asiáticos y aprobada con 33 votos a favor, trece abstenciones (los países europeos, Japón y Corea del Sur) y un voto en contra (Canadá). EEUU no forma parte de ese organismo.

El texto indicaba que el Consejo “condena firmemente las actuales operaciones militares israelíes [...] que han causado violaciones masivas de los derechos humanos del pueblo palestino y la destrucción sistemática de las infraestructuras palestinas” y también pedía que “se ponga fin al lanzamiento de cohetes contra civiles israelíes, que ha causado la muerte de cuatro civiles” [6] , aunque advertía de que los ataques israelíes habían causado alrededor de 900 muertos y 4.000 heridos, y esto parece que no gustó a los representantes europeos.

En cuanto a acciones diplomáticas individuales del gobierno español, ni siquiera se ha considerado llamar a consultas al embajador israelí. Países como Venezuela o Jordania han retirado a su embajador en Tel Aviv o expulsado al represente israelí.

La conclusión a la que podemos llegar es evidente: los europeos garantizamos la buena salud de la economía israelí mediante un acuerdo comercial preferencial, gracias al cual le vendemos armamento y entrenamos conjuntamente nuestros militares; después, nos negamos a condenarlo en la ONU. Ahora, vayamos a mirar las fotos de los niños palestinos muertos y nuestras manos.


Pascual Serrano

Notas

[1] Público 10-1-2009
[2] EUobserver 7-1-2009
[3] Leigh Phillips. La Unión Europea exporta armas a Israel por valor de 200 millones de euros. EUobserver. 10-1-2009 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=78740
[4] Il Manifesto. 26-10-2006. Ver en español http://www.tlaxcala.es/pp.asp?lg=es&reference=1570
[5] Santiago González. España envía militares a Israel para entrenarse con los aviones espías comprados. CSCA 26-8-2007 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55333
[6] Europa no es capaz de condenar las «graves violaciones» de Israel. Gara 13-1-2009 http://www.gara.net/paperezkoa/20090113/116230/es/Europa-no-es-capaz-condenar--graves-violaciones-Israel

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Los africanos de hoy son los gitanos de ayer

La existencia de barrios marginales en el Estado Español no es ninguna novedad, no han surgido con la inmigración. Siempre han estado ahí, cada ciudad tiene su gueto local desde hace décadas. Por lo general, viviendas de realojo con las que se parcheaba el problema del chabolismo, a la vez que se despejaban las zonas miserables céntricas y se aislaba la población más pobre, a ser posible en el extrarradio, separados por vías de tren y descampados. Pronto se convertían en núcleos marginales autónomos, desconectados, faltos de servicios públicos, en una espiral de aislamiento creciente.

El resto de ciudadanos vivía de espaldas al gueto, que nunca pisaríamos, que alimentaba nuestros miedos, y del que sólo teníamos noticia por hechos desgraciados. A diferencia de las banlieues francesas habitadas por africanos, nuestra población marginal era autóctona, principalmente gitanos a los que despreciábamos y temíamos.

Y en esto llegó la inmigración. Miles de trabajadores, sobre todo africanos, que acaban viviendo en los mismos guetos que sólo han cambiado a peor: mayor hacinamiento, y menos recursos a repartir entre más, lo que tensa la convivencia. Pero seguimos mirando para otro lado, hasta que estalla un episodio violento.

¿De qué nos sorprendemos? La violencia engendra violencia, y todo en la vida de estos desgraciados es violento: las condiciones de trabajo y alojamiento, el abandono, la persecución, la humillación. ¿Hay algo más violento que vivir en un “piso patera”? Pero claro, ya nos habíamos acostumbrado a nuestros marginados de siempre, los gitanos, y ahora llegan estos nuevos que nos dan más miedo.

09.Septiembre.08 x Isaac Rosa (Público)

Federico García Lorca y Blas Infante, dos víctimas de la intolerancia


Los personajes más destacados de Andalucía en el siglo XX, Federico García Lorca y BIas Infante, corrieron la misma suerte, asesinados por aquellos descendientes políticos de los Conquistadores Castellanos: un ejército que garantizaba a las oligarquías castellanas la unidad del territorio conquistado, y la Iglesia Católica, heredera de aquella Inquisición cuya misión fue borrar cualquier vestigio de la historia y cultura andaluza. Sesgaron sus vidas, pero nos dejaron su visión sobre Andalucía y sus conquistadores:

«Yo creo que ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos, del gitano, del negro, del judío, del morisco, que todos llevamos dentro».

En una entrevista, Federico dirá refiriéndose a la expulsión de los andalusíes reducidos en las Alpujarras, pero extendiendo su visión a todo al-Ándalus:

«Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en la escuela. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre, acobardada; a una tierra «de chavico» donde se agita actualmente la peor burguesía de España».

Tiempo después el gran poeta andaluz volverá a contamos:

El río Guadalquivir

va entre naranjos y olivos los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo iAy amor

que se fue y no vino! El río Guadalquivir

tiene las barbas granate. Los dos ríos de Granada, uno llanto y otro sangre.

En Bodas de Sangre. El cuadro de la tragedia se desarrolla en un pueblecito andaluz que vibra como una espada del Magreb. Todo es andaluz en la escena. Todo es universal y siempre andaluz, nuestro sentido de la vida, el marco, la desgracia telúrica, el ludismo, el placer, la pasión; todo, absolutamente todo nuestro ensamblado joyel.

Ni a la Iglesia, ni a Castilla se les puede olvidar que llegaron a nuestra Andalucía con las crines del crimen.

Que la historia del Estado español no tiene grandezas y sí maldiciones bíblicas. Bernarda Alba proclama la falsedad y miseria de esta herencia y grita contra la opresión cristiana-fascista que pesa sobre la mujer andaluza: «Tantas son las lágrimas que el llanto nos ciega … »

Si Federico García Lorca reflejaba en su obra el sentimiento del pueblo andaluz hacia los conquistadores castellanos, sin titubeos y con firmeza, Blas Infante no deja duda de esa identidad tan diferente del pueblo andaluz, basada en su pasado andalusí en contraposición a la conquista Castellana:

La idea del sufrimiento y la expulsión de los moriscos está también presente en sus primeros años, a propósito de la guerra de Cuba «Cuando yo era niño, los chiquillos … , precedidos por el lienzo amarillo y rojo íbamos a despedir a los que partían a Cuba, al son de una melodía de aire guerrero, que el maestro, en virtud de órdenes superiores, nos había hecho aprender. Cantábamos que ‘aquel hermoso pabellón era el de la nación sin par que en valentía y en hidalguía la primera fue, que aquella bandera, victoriosa en Santa Fe, conquistó Granada’. Mientras tanto, se ponía a los cubanos de ingratos … Pero ni la bandera, que apenas contaba un siglo, había ondeado en Santa Fe, ni nosotros, los hijos de aquel pueblo morisco, habíamos conquistado Granada, sino al contrario, habíamos sido conquistados con ella … » (Manusc. AAX).

«Tuvimos que fundamentar doblemente a Andalucía: como Nación o Región, conforme el Principio de las Nacionalidades; como sera genio (subr. Infante), término que llegamos a emplear

entonces demostrando, mediante revelaciones culturales de idéntica inspiración la existencia continuada a través de milenios de un mismo Estilo (subr. Infante) en Andalucía. Estilo tan diferente del resto peninsular, que bien podrá aparecer cierto el dicho de Ganivet: Más bien hay en la península dos naciones: una, al Norte, España; otra al Sur, Andalucía».

La etapa de al-Ándalus fue de libertad y brillo cultural. «Por entonces, Andalucía era libre: hoy es esclava» (Tablada, p. 60).

La conquista cristiana fue intolerante y uno de los orígenes del latifundio. «¡Las cruzadas! El robo, el asesinato … presididos por la Cruz ( …) Empiezan a quitarnos la tierra…distribuida en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras … y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a esclavitud de los señores … Fueron y son las enormes falanges de esclavos jornaleros, de campesinos sin campos, campesinos expulsados» (Tablada, pp. 7576, passim). «Pueblo conquistado, el pueblo andaluz ( … ) bastante tenía con plañir ( … ) aquellos lamentos que expresó con palabras de Abu-Beka, de Ronda, «llorando al ver sus vergeles,/y al ver sus vegas lozanas/ ya marchitas, / y que afean los infieles / con cruces y con campanas / sus mezquitas … » (Orígenes, p. 47), « … el pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una persecución que culmina después del triunfo de Don Juan de Austria y de las terribles depredaciones que hicieron decir a Mármol que los soldados del Rey eran tropas de delincuentes» (Orígenes, p. 163).

«Se encienden las hogueras de la Inquisición; millares de andaluces, moriscos y musulmanes, son quemados en las salvajes piras ( … ) Los Austrias continúan la obra de Isabel» (Tablada, p. 76). Así, «la tiranía eclesiástica destruyó la cultura de Andalucía», declaraba Infante a Francisco Lucientes en El Sol (M-11-VI-31, p. 80). El tenía razón: la identidad de Andalucía nace aquí: «El fundamento de nuestra característica voluntad de ser el fundamento más próximo de Andalucía está en la Andalucía medieval ( … ) que la conquista vino a interrumpir» (Manuscrito AAN-7).

Después de las palabras de estos andaluces, solo nos queda guardar silencio … pensar y meditar sobre lo que cada uno de nosotros está haciendo y sobre lo que debe hacer. No podemos expresar lo mismo con palabras más bellas ni más inteligentes, pero nuestras obras pueden hablar por nosotros.

Alí Manzano (Identidad Andaluza)

Los orígenes de la identidad nacional española en Andalucía

Más atrás del siglo XIX España es un verdadero invento. Nunca hubo unidad política ni militar, ni lingüística, ni cultural, solo mentiras y más mentiras que la historia oficial y las leyendas populares trataban de homogeneizar y usaban como excusa que justificara la expansión del poder castellano. y como muestra un botón, la leyenda de Santiago Matamoros. Durante siglos los «españoles» cristianos de la península creyeron a pies puntillas en que el mismísimo cielo había enviado a uno de sus hijos predilectos para contribuir a la unidad de España y la expulsión de los infieles andalusíes. Resulta altamente curiosa, la transformación que se produce sobre el Apóstol Santiago. De ser un enviado para predicar la paz y concordia evangélica a montar sobre blanco corcel desde el que va blandiendo su demoledora espada contra el infiel musulmán. El cambio de este SantiagoApóstol a Santiago Matamoros se produce en Clavijo, legendaria batalla del 834, ganada por Ramiro I a las huestes de Abderramán 1I y que seguramente nunca se produjo. La aparición de Santiago al Rey, su participación en la batalla a lomos de blanco corcel y la liberación del tributo de las cien doncellas, son de los más bellos episodios de la historia mágica de España.

Afortunadamente en Andalucía este mensaje no tuvo mucho éxito, a la vista de los acontecimientos posteriores. Pero la leyenda no se quedó ahí, del Santiago matamoros pasamos al Santiago mataindios, y no son pocos los relatos que nos hablan de la presencia del apóstol en los combates de los conquistadores en tierras americanas. Del mito que une a los cristianos en torno a una causa común, pasamos al uso de ese mismo mito para justificar la política imperialista de España allende los mares. Creado el mito, se le da uso hasta que no valga.

Pues así con todo. La identidad nacional española se ha construido sobre una continuada sarta de mentiras y manipulaciones que han tratado, y tratan, de crear una homogeneidad nacional donde sólo había diferencias y heterogeneidad. Cuando esto se ha podio hacer sutilmente, sin necesidad de usar la violencia, se ha hecho, cuando ha hecho falta usar la violencia, también se ha hecho. La Inquisición española se fundó con aprobación papal en 1478, a propuesta del rey Fernando V y la reina Isabel I. Esta Inquisición se iba a ocupar del problema de los llamados marranos, los judíos que por coerción o por presión social se habían convertido al cristianismo; después de 1502 centró su atención en los conversos del mismo tipo del Islam, y en la década de 1520 a los sospechosos de apoyar las tesis del protestantismo. A los pocos años de la fundación de la Inquisición, el papado renunció en la práctica a su supervisión en favor de los soberanos españoles. De esta forma la Inquisición española se convirtió en un instrumento en manos del Estado más que de la Iglesia, aunque los eclesiásticos, y de forma destacada los dominicos, actuaran siempre como sus funcionarios. La inquisición española fue un arma efectiva en la creación de una identidad común entre los ciudadanos “españoles”, una amenaza constante para todo aquel que intentara pensar, sentir, o simplemente ser diferente a lo impuesto por las instituciones oficiales del estado. En nombre de la Inquisición no solo se imponía paulatinamente una identidad común si no que se borraba de un plumazo una buena parte de la historia escrita de los territorios conquistados. En Andalucía fueron quemados todos aquellos libros y manuscritos escritos en árabe. Filosofía, política, historia, cultura, medicina, gastronomía, nada se salvó de la quema. Salvo aquellos libros que pudieron ser rescatados antes de su huida por los antiguos habitantes de al-Ándalus, pocos fueron los textos que lograron sobrevivir a la barbarie española. Ocho siglos de nuestra historia borrados de un plumazo con el más cruel de los métodos: el desprecio. Todo para que nada de lo que en ellos hubiera pudiera comprometer en un futuro la legitimidad de la conquista castellana sobre nuestra nación, ni poner en entredicho la veracidad de la historia y los mitos escritos por los vencedores.

No hay más historia que la escrita por los vencedores y no hay más verdad que la que ellos han querido contamos. La Inquisición nos dejo sin lengua y sin memoria, silenció nuestras almas revolucionarias y acabó con nuestros deseos separatistas. Todo lo andalusí fue perseguido y en nombre de la Santa España hubimos de renunciar a buena parte de nuestra cultura y nuestra propia identidad. A cambio nos dieron una identidad vacía de contenido, sustentada sobre la sangre y la espada, y anclada en falsos mitos homogeneizadores como el de Santiago y su blanco caballo. El resplandor del fuego inquisidor silenció nuestras conciencias mientras generación tras generación las llenaba de mentiras hipócritas que venían a sustituir el recuerdo de nuestro glorioso pasado por la sumisión a nuestra nueva posición de subdesarrollo y dependencia.

Desde 1492 la península ibérica tiene oficialmente una lengua (castellano, no catalán, gallego, aragonés, valenciano, etc.), una religión (catolicismo, no judaísmo, ni islam) y un Rey (de todo el país, no de una región): España tiene ahora «Un monarca, un imperio y una espada.”. Pero la realidad es que todavía persistían las grandes diferencias regionales, nacionales, religiosas y lingüísticas: diferencias que continúan hasta hoy en día y que son la base del nacionalismo interior de la actualidad.

La identidad de España se ha edificado sobre mitos y mentiras, y esto es algo demasiado frágil como para unir a un pueblo entero bajo una misma razón de ser, pero lo que es aun peor, la identidad española se ha cimentado sobre la sangre y la espada, y esto es algo que los diferentes pueblos no pueden olvidar tan fácilmente.

La Inquisición quedó al fin suprimida en España en 1843, tras un primer intento, fallido, de los liberales en las Cortes de Cádiz, en 1812, pero desde su creación hasta entonces, tuvo tiempo suficiente como para asentar en la mentalidad de millones de ciudadanos «españoles» en general, y de los andaluces en particular, la idea de una España unida en torno a sus raíces cristianas, y unificada bajo una misma nación salvaguardiana de sus intereses personales. Más de tres siglos donde revelarse contra la idea de la gran España se pagaba con la muerte, igual que poco menos de un siglo después volviera a ocurrir con la dictadura Franquista. Más de tres siglos en el que los ciudadanos del estado español tuvieron que aceptar sin rechistar los mitos y las leyendas que desde el poder se difundían para justificar sus acciones. Más de tres siglos en que los andaluces y andaluzas fueron progresivamente olvidándose de su pasado para caer en las crueles garras de la identidad española que los había llevado desde la cultura hasta el analfabetismo, desde la prosperidad a la más cruel de las explotaciones. Pocos son ahora los historiadores oficiales que hablan de la influencia de la “Santa” Inquisición en la creación de la identidad española, en la imposición de sus valores frente a los valores autóctonos de los diferentes pueblos de la península. Pero los andaluces no nos podemos olvidar de que si hoy somos lo que somos, si estamos como estamos, no es porque nosotros lo hubiéramos elegido o aceptado de buena voluntad en el pasado, si no que nos fue impuesto a base de sangre, cruz y espada, y nuestra resistencia castigada con el exterminio o el exilio. Si en alguna parte del estado la Inquisición jugó un papel fundamental en la consolidación social de la identidad nacional española, esa fue Andalucía

04.Septiembre.08 x Pedro Antonio Honrrubia Hurtado (Identidad Andaluza)

miércoles, 16 de enero de 2008

¡Vaya herencia la de Paco!

¿Quién no ha preguntado alguna vez a un crio de entre cinco y diez años qué quiere ser de mayor?. Solemos esperar una respuesta simpática, Miguelito responde que policía, Raulito que médico, mi hermano Edu quería ser bombero. Las elecciones suelen ir unidas al impacto visual que causan los uniformes en los peques, y los padres acostumbran a animar a que continuen con esas vocaciones, siempre y cuando sean lucrativas. Pero, ¿qué pasa con Antoñito?. Antoñito quería ser rey de España, y ¿por qué no?, nada más lucrativo que rey de cuarenta millones de personas.

Antoñito sin saberlo pretendia ejercer su derecho democrático que recoge el 2º articulo de la constitución española, “todos los españoles tienen derecho a un trabajo digno ...”

Bien, pués ni Antoñito, ni usted, ni yo gozamos de ese derecho en condición de igualdad, porque no podemos optar a desempeñar el “trabajo” de reyes de España, y Antoñito, probablemente usted, y yo, queremos vivir en una casa de cuatro millones de euros como la que le hemos regalado al principe junto a La Zarzuela, vacaciones gratis por todo lo alto en Ibiza, y un par de yates como los que disfrutan la familia real, y lo mejor de todo, trabajar tanto como ellos.

Todo ese despilfarro no es un problema grave, de momento se lo pueden permitir nuestros bolsillos, y el rey lo poco que trabaja puede que no lo haga mal del todo, la verdad sea dicha, pero, ¿qué pasará si la infanta Leonor nos sale tan resultona como su tia Elena, o si se enamora de alguien tan avispado como sus tios Marichalar o Urdangarín, nos representaran igual de bien que el abuelito Juan en el mundo entero?

Ahí nos daremos cuenta de lo ridículo y anacrónico de la monarquía en los tiempos que corren. Por no hablar de lo frustrante que resulta no poder rechazar la herencia que en su testamento nos lego el tirano dictador fascista, ¿o acaso a usted le preguntó algún albacea a modo de elecciones democráticas que modelo de estado quería para usted, sus hijos y nietos?
No nos preguntaron, iba todo en un mismo paquete, o esta constitución o ninguna, o volvemos a lo anterior y a fastidiarse todos. No, no es que seamos borregos, no quedaba otra, había que elegir el menor de los males.

Yo por mi parte, solo rindo vasallaje a los reyes magos, que viene a trabajar lo mismo pero al menos me traen regalos, y seguro que Antoñito estaría de acuerdo conmigo

Xuanxo Bardibia / Juanjo Valdivia

LA OMERTÁ DE LA OLIGARQUÍA

Estimado lector, ¿nunca se ha preguntado porqué algunas noticias poco relevantes para los ciudadanos son sobrexpuestas y otras más trascendentales son ignoradas?, ¿a qué se debe? y ¿quién mueve los hilos para que esto suceda así?

Vivimos inmersos en la era de la comunicación, información e informatización, más que nunca la información es poder, y quien controla a una se hace con la hegemonía del otro. En cuanto a lo que al control de la información, la monarquía también es hereditaria del franquismo, que nos ativorraba de fútbol y toros para evitar que pensaramos en lo injusto de la situación social en que viviamos. Así no es de extrañar que florezcan grandes hermanos, grandes bailarines o grandes cómicos, por no hablar del resto de programas telebasureños que son los que mejor cumplen con la función soporífera de las mentes pensantes que de esta forma no maquinarán con el cambio del orden establecido.

Es preferible que la gente pase su tiempo libre comentando los avatares del famosillo de turno que lo insolito de que dieciseis alcaldes andaluces pidan la restauración de la tercera república, que en teoría debería ser igual de punible que un dibujito de sus altísimas majestades o que la quema de sus retratos, más aún si tenemos en cuenta que esta petición biene de estamentos oficiales como son los ayuntamientos. Pues bien, no se usted, pero yo me enteré en Internet, que es más dificicil de censurar, aunque todo se andará. ¿Porqué no se oyó nada en las tertulias políticas de televisión?, ¿quién lo impidió?, ¿quién es más poderoso que Polanco o Lara?, ¿a quién le iban a retirar el programa de la programación como le ocurriera en su día a Balbín, Pepe Navarro o El Gran Wyomin?, ¿quién impidió que se hablara más que de pasada acerca de la sociedad empresarial entre el mafioso (perseguido por la justicia de varios paises y en busca y captura) armador ruso del Prestige y su majestad?, ¿ya que el rey ganó dinero con él, que al menos no nos haga pagar a nosotros los tres millones de euros que costó limpiar las costas gallegas? que bastante tenemos con costear una vida de ensueño que ya quisieramos para nosotros, a los que fueran cinco y ya van por dieciseis. A esos que antes de aferrarse al poder eran una familia medianamente acomodada y ahora son multimillonarios.

Gran parte de culpa en esta situación la tiene el incoherente PSOE, y digo incoherente porque el maximo defensor de la realeza en este país no es la derecha como sería lo más normal, sino el partido que en sus bases fundacionales ideológicas se define como marxista-leninista, el partido que siempre está del lado del poder y dice digo donde dijo Diego, como en el tema Otan, la ley del aborto o la financiación de la iglesia. Por todos es sabido el desencuentro entre Aznar y la monarquía, como incluso ocurriera en el último año de gobieno de Suárez. Como con los pajes Felipe y José Luis nunca. El mismo PSOE que junto a UCD traicionó a los andaluces en 1978 boicoteando el acuerdo preautonomico intentando que Andalucía obtuviese la autonomía por el artículo 143 de la constitución en vez de por el 151 que otorgaba mas derechos autonómicos y reconocía la nacionalidad andaluza, y que si no hubiese sido por el esfuerzo titánico de tan solo cinco diputados andalucistas encabezados por el histórico Alejandro Rojas Marcos no se habría conseguido.

Xuanxo Bardibia / Juanjo Valdivia